12 enero 2017

Pseudo-Navidades chinas

Una vez pasadas las Navidades y como complemento al fantástico artículo de Alicia Candón Morales, publicado hace unos días aquí en Yuanfang, voy a hablaros sobre cómo se viven estas fechas en la China continental y cómo las viví yo estando allí. El relato de Alicia se sitúa en Macao. Me ha sorprendido mucho leerlo, porque desconocía gran parte de las cosas que cuenta. Sí, pasé unas Navidades en China, pero es que al parecer las costumbres entre Macao y la China continental (al menos respecto a este tema) son algo diferentes.
Para empezar, está esa influencia Portuguesa debido a la cual en Macao los días de Nochebuena y Navidad son festivos. Esto no sucede en la China continental, donde todo el mundo tiene que seguir con su rutina como si nada importante pasara. Para mí fue de lo más extraño tener que asistir a clase durante estos días. Y, tal vez, a pesar de haber estado viviendo ya allí durante meses, fueron esas semanas cuando más sentí que estaba lejos de casa.

Decoración "Navideña" en Hangzhou.

Lo cierto es que en España no suelo pasar el día de Navidad en familia, ya que el trabajo no me lo permite desde hace unos años. Eso de no cenar o comer rodeada de los míos no me era tan ajeno. Sin embargo, había un puñado de cosas, pequeños detalles, que me hacían sentir que aquel año las Navidades no se iban a sentir tan especiales como debían. Eso de no ayudar a poner el árbol, lo de no escuchar a mi madre o a mi abuela planeando el menú de Nochebuena o Reyes, lo de no escuchar a mi hermana canturreando ya desde noviembre esos villancicos folklóricos que tanto le gustan desde que era pequeña…
Y eso que, aunque yo nunca he sido de las que odian a muerte estos días festivos, tampoco soy de esas personas que tienen un espíritu navideño tan grande que son capaces de ponerse horribles jerseis con renos y tragarse todas las típicas pelis navideñas que echan en la tele durante estas fechas.
Había pasado Navidades fuera de casa otros años, en otros lugares de Europa. Sin embargo, no fue hasta que estuve en China cuando me di cuenta de que quienes hemos crecido en la España de tradición católica llevamos la Navidad metida en el cuerpo, nos guste o no. Cuando llega el 24 de diciembre, nuestro reloj biológico se alborota y sentimos que algo gordo va a pasar. El problema surge cuando estás en Hangzhou y nada pasa. Nos encontramos con que tenemos que ir a clase, hacer deberes, y comer y cenar arroz en el comedor universitario como cualquier otro día, sin que nadie nos envíe buenos deseos o nos despida con un “felices fiestas”.
Una de las cosas que más me molestaron es que aunque en China nadie celebra estas fiestas (a excepción de los católicos, supongo), a los extranjeros nos meten el mono en el cuerpo poniendo decoración navideña por las calles. Árboles de Navidad, luces, bolas brillantes y espumillón colgando en los centros comerciales, dependientes con gorros de Papá Noel e incluso villancicos sonando en los altavoces de los supermercados. Lo que no vi fueron belenes de esos que Alicia sí encontró en Macao. Supongo que esta es una de las diferencias más grandes entre su lugar de residencia y el mío. En Macao la influencia religiosa está de fondo, mientras que en las “Navidades” de la China continental lo único que está de fondo es la influencia consumista.
Al igual que Alicia, mis compañeros y yo también tuvimos la sensación de que los chinos no sabían muy bien cómo manejar esto de la Navidad. ¿Cuándo poner las luces y los árboles? ¿Cuándo quitarlos? ¿A quién hay que comprar regalos exactamente? ¿Se podrá aprovechar la decoración de Navidad como decoración para la celebración del Año Nuevo Chino? No estuve allí para comprobarlo en primera persona, pero una amiga francesa me contó que en el supermercado del campus estuvo sonando Jingle Bells hasta abril.
No obstante, los chinos han creado sus propias tradiciones para estas fechas. Recuerdo que la tarde del 24 de diciembre las calles del campus estaban llenas de estudiantes que deambulaban con cajitas en la mano. Yo no sabía muy bien de qué iba la cosa hasta que una amiga china me llamó diciendo que tenía algo para mí. Me reuní con ella y me encontré con que me ofrecía una de esas cajitas misteriosas que yo llevaba viendo toda la tarde. En el interior había una manzana.

Manzanas especiales para ser regaladas en Navidad.

Como tengo la mala costumbre de no comer demasiada fruta, hasta ese momento no me había enterado de que durante esos días las fruterías estaban llenas de unas manzanas especiales que sirven como regalo el día de Navidad. ¿Por qué? La palabra manzana en chino suena muy similar a la palabra Nochebuena en el mismo idioma. A lo chinos les encantan los juegos de palabras homófonas y no han desaprovechado la oportunidad de crear una nueva costumbre. Las manzanas son un símbolo de amistad y por eso algunas de las que se venden estos días llevan en su piel grabados caracteres como amorrespeto y ese tipo de cosas que a todo el mundo le gusta leer. Eso sí, si estáis por allí y queréis uniros a esta costumbre, preparad el bolsillo porque las manzanas de la amistad no son precisamente baratas.
Esas Navidades que pasé en China, las celebré con mis amigos y compañeros extranjeros, en una fiesta navideña multicultural que organizamos. Y con mi hermana, que se escapó durante unos días para estar conmigo. La recibí con un arbolito de Navidad que compré para ambientar un poco la habitación durante esos días. Ella llevó su maleta cargada de turrones, mazapanes y polvorones que, aunque no acabaron de convencer a mis compañeras coreanas, a mí me supieron a gloria.
El tema de la Nochevieja es algo diferente en el país, ya que cada vez hay más gente que, de una forma u otra, celebra el fin de año. Unos se juntan para cenar con los amigos y echar una partida a algún juego de mesa, otros lanzan fuegos artificiales y los más marchosos participan en las fiestas que se organizan en algunas discotecas. Eso sí, la celebración es bastante más moderada que la del Año Nuevo Chino. Muchos de mis compañeros decidieron ir a Shanghai a despedir el año, porque al parecer allí hay más ambiente. 
Grupo de jóvenes celebrando el fin de año entre amigos.

Por mi parte,  durante esa noche preparé unos racimos de uvas, reuní a unos cuantos amigos de distintos lugares del mundo y, al ritmo de las campanadas de un vídeo de no recuerdo muy bien qué año, nos las tomamos todos juntos para empezar el año como Dios manda.
El día de Reyes, mi hermana ya había vuelto a España. Sobre Papá Noel se sabe algo por allí, pero de estos tres señores… más bien poco (al fin y al cabo, protagonizan menos pelis que el buen hombre de rojo). Ahora bien, ¡no penséis que me perdí lo de recoger los regalos de debajo del árbol! Hoy en día, con una videoconferencia en Skype se soluciona cualquier cosa.
Como veis, a pesar del extraño ambiente navideñoide chino, de tener que ir a clase y de la escasez de dulces navideños, conseguí sentirme en familia.
En 7 de enero recogí el árbol de Navidad. Lo devolví a su caja y lo guardé en lo alto del armario. Allí se quedo cuando me marché de la residencia, esperando a que otro extranjero nostálgico lo encontrase durante las próximas Navidades y, al igual que yo, pudiera sentirse un poco como en casa.

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